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📖 La heredera del Alfa que despertó

La emboscada en el mercado

857 words

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Valentina despertó con un sobresalto, el eco de las palabras de su madre aún resonando en su mente: 'Debes elegir sabiamente'. Se incorporó en la oscuridad de la tienda, su corazón latiendo con fuerza. El collar de su madre, sobre la mesita de noche, parecía brillar con una luz propia. Tomó el collar entre sus manos, sintiendo el metal frío contra su piel. El sueño había sido tan vívido, tan real. ¿Qué costo tendría su poder? ¿Qué decisión debía tomar? Un aullido lejano rompió el silencio, un llamado de guerra que la hizo estremecer. En ese momento, la lona de la tienda se movió y Alejandro entró, su expresión preocupada. '¿Estás bien? Te escuché agitar', dijo, acercándose. Valentina asintió, sin soltar el collar. 'Tuve un sueño... sobre mi madre', confesó. Alejandro se sentó a su lado, su presencia cálida y reconfortante. '¿Qué te dijo?', preguntó con suavidad. Valentina dudó, pero decidió confiar en él. 'Me dijo que el poder tiene un costo, que debo elegir sabiamente'. Alejandro frunció el ceño, pensativo. 'Tal vez sea una advertencia', dijo. 'Pero no podemos quedarnos aquí esperando. Necesitamos distraernos, y también provisiones. ¿Qué te parece si vamos al mercado?'. Valentina miró el collar una vez más, luego asintió. 'Está bien', dijo, aunque una parte de ella sentía que algo malo iba a pasar. El mercado estaba lleno de vida, con puestos de frutas, verduras, telas y artesanías. Valentina y Alejandro caminaban entre la multitud, disfrutando del bullicio. Valentina intentaba calmar su mente, pero no podía evitar mirar por encima del hombro, sintiendo que algo no encajaba. Alejandro, en cambio, parecía relajado, señalando un puesto de tlayudas. '¿Has probado alguna? Son deliciosas', dijo con una sonrisa. Valentina sonrió débilmente, pero en ese momento, un movimiento en la multitud llamó su atención. Un grupo de hombres, vestidos con ropa de cazador, se abría paso entre la gente. Valentina se tensó, reconociendo al líder: era el cazador que había sobrevivido en la cueva. 'Alejandro', susurró, tirando de su manga. Pero ya era demasiado tarde. Los cazadores sacaron sus ballestas, apuntando directamente a ellos. '¡Cuidado!', gritó Valentina, empujando a Alejandro detrás de un puesto de frutas. Los dardos volaron, algunos incrustándose en la madera. Uno alcanzó a Alejandro en el hombro, y él soltó un gruñido de dolor. '¡Veneno de acónito!', exclamó, cayendo de rodillas. Valentina vio cómo el veneno se extendía por su piel, debilitándolo. Los cazadores avanzaban, rodeándolos. Valentina sabía que no podía luchar contra todos, pero no iba a rendirse. Miró a su alrededor, buscando una salida. Vio un puesto de aceite y otro de paja. Una idea se formó en su mente. '¡Alejandro, agáchate!', ordenó. Corrió hacia el puesto de aceite, volcando un barril que se derramó por el suelo. Luego tomó una antorcha encendida de un puesto cercano y la arrojó sobre el aceite. Las llamas se alzaron, creando una barrera entre ellos y los cazadores. La multitud gritó y corrió en todas direcciones, creando caos. Valentina aprovechó la confusión para arrastrar a Alejandro fuera del alcance de los cazadores, escondiéndose detrás de un puesto de telas. Alejandro estaba pálido, su respiración entrecortada. 'Tienes que irte sin mí', dijo con esfuerzo. 'No te dejaré', respondió Valentina, con determinación. Buscó en su mochila y encontró un antídoto que había llevado por precaución. Lo inyectó en el brazo de Alejandro, esperando que funcionara. Alejandro cerró los ojos, y Valentina rezó para que sobreviviera. Mientras Alejandro yacía debilitado, Valentina se dio cuenta de cuánto le importaba. No podía perderlo, no ahora que había encontrado a alguien que la entendía. Le acarició la mejilla, sintiendo su piel caliente. 'Por favor, despierta', susurró. Alejandro abrió los ojos lentamente, su mirada encontrando la de ella. 'Estoy aquí', dijo con voz ronca. 'Gracias... por salvarme'. Valentina sonrió, aliviada. 'No tienes que agradecerme', dijo. 'No podía dejar que te lastimaran'. Alejandro la miró con una intensidad que la hizo temblar. 'Eres más fuerte de lo que crees, Valentina', dijo. 'Ese poder que tienes... es parte de ti. No le temas'. Valentina sintió un calor en el pecho, una conexión que iba más allá de las palabras. En ese momento, supo que podía confiar en él. Juntos, lograron ponerse de pie, apoyándose el uno en el otro. 'Tenemos que salir de aquí', dijo Alejandro, recuperando algo de fuerza. Valentina asintió, y comenzaron a moverse entre los puestos, esquivando a los cazadores que aún buscaban entre las llamas. Valentina guiaba a Alejandro hacia la salida del mercado, su corazón latiendo con fuerza. Pero cuando finalmente llegaron a la calle, Valentina se detuvo en seco. En la multitud, vio una figura conocida: Mateo, el guardia de la manada de Alejandro. Estaba de pie, observándolos con una sonrisa fría. Valentina sintió un escalofrío recorrer su espina dorsal. Todo tenía sentido: Mateo los había traicionado. Valentina se quedó paralizada, su mente procesando la traición. Mateo, en quien Alejandro confiaba, había alertado a los cazadores. La sonrisa de Mateo era una confirmación. Valentina apretó los puños, sintiendo una mezcla de ira y dolor. Al escapar, Valentina ve a Mateo observando desde la multitud con una sonrisa, y comprende que él los traicionó. Jura enfrentarlo.
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