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📖 La heredera del Alfa que despertó

La cueva olvidada

739 words

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Valentina arrastró a Alejandro hacia el interior de la cueva, sus pies resbalando sobre la roca húmeda. El aullido de la manada se acercaba, y sabía que no podían quedarse al aire libre. El cuerpo del alfa pesaba sobre sus hombros, y cada paso era una batalla contra el agotamiento. Al cruzar el umbral, el collar que llevaba al cuello comenzó a vibrar con una energía desconocida. La daga en su mano tembló, y una sección de la pared de la cueva se deslizó, revelando un pasadizo oscuro. Sin tiempo para dudar, se adentró en él, y la entrada se cerró detrás de ellos, dejándolos en una penumbra absoluta. El aire olía a tierra y a algo antiguo, a poder. Valentina dejó a Alejandro en el suelo, apoyado contra una roca, y se quedó sin aliento al ver lo que la esperaba: una cámara secreta, con un altar en el centro y símbolos tallados en las paredes. Valentina encendió una antorcha que encontró en un nicho, y la luz reveló el altar de piedra, cubierto de polvo y telarañas. Sobre él, un libro encuadernado en cuero yacía abierto. Al acercarse, reconoció la letra de su madre. Era su diario. Con manos temblorosas, lo tomó y comenzó a leer en voz alta, buscando alguna pista sobre cómo salvar a Alejandro. Pero el alfa empeoraba; su respiración se volvía superficial y su piel, ardiente. Valentina sabía que no tenía conocimientos médicos, y la desesperación la invadía. El diario hablaba de un ritual de despertar, un poder que solo la heredera legítima podía reclamar. Pero también advertía: 'Si la sangre no es pura, el ritual consumirá al portador'. Valentina dudó. ¿Era ella la heredera? ¿O era una impostora? El collar y la daga, que había colocado sobre el altar, comenzaron a brillar. Al leer una página específica, el collar se desprendió de su cuello y se fusionó con la daga, formando una llave completa. El metal se retorció y chasqueó, y Valentina sostuvo en sus manos un objeto que parecía hecho para el altar. Pero el diario también decía que el ritual requería un sacrificio: la vida de quien lo realizara. 'El despertar exige todo', leyó. 'Si fallas, morirás'. Miró a Alejandro, que yacía inconsciente, y supo que no había tiempo para más. El cazador podría estar cerca, y la manada desconocida también. Tenía que decidir: seguir explorando en busca de otra solución, o arriesgar su vida en un ritual incierto. El diario no ofrecía alternativas. Con el corazón latiendo con fuerza, Valentina colocó la llave en el altar y comenzó a recitar las palabras, aunque cada sílaba le quemaba la garganta. Mientras recitaba, Valentina sintió una conexión extraña con Alejandro, como si un hilo invisible los uniera. Recordó sus palabras: 'Te he protegido desde que eras una niña, tal como le prometí a tu madre'. ¿Por qué? ¿Qué lazo existía entre ellos? El diario de su madre mencionaba a un alfa de la manada rival, alguien que había jurado proteger a la heredera. Alejandro era ese alfa. Valentina comprendió que su madre había hecho un pacto con él, y que su protección no era casualidad. Un afecto creciente, mezclado con gratitud y curiosidad, la invadió. No podía dejar que muriera. El ritual era su única esperanza, aunque significara su propia muerte. Al terminar las palabras, la llave brilló con intensidad, y una energía recorrió el altar. Valentina sintió que su cuerpo se tensaba, como si algo dentro de ella quisiera despertar. Pero no era su lobo; era algo más profundo, un poder ancestral que su madre había escondido. El diario reveló que la cueva era un santuario, y que solo la sangre de la primera loba podía activarlo. Valentina era esa sangre. La energía la envolvió, y por un momento, vio destellos de su infancia: su madre sonriendo, un hombre alto que la cargaba, y una promesa. Luego, todo se desvaneció, y Valentina cayó de rodillas, agotada. Pero Alejandro respiró más tranquilo, y su color mejoró. El ritual estaba funcionando. Valentina observó cómo la llave se hundía en el altar, y el poder comenzaba a fluir hacia Alejandro. Pero el diario advertía que el costo sería alto. Sintió un dolor agudo en el pecho, y su visión se nubló. Aun así, continuó recitando, decidida a salvarlo. Para salvar a Alejandro, Valentina coloca la llave en un altar y comienza a recitar las palabras del diario, a pesar del riesgo de morir.
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