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📖 La heredera del Alfa que despertó

El rechazo público

825 words

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A la mañana siguiente, el sol apenas se filtraba por la ventana sin cortinas de la habitación de Valentina cuando los golpes en la puerta la sacaron de un sueño inquieto. La voz de Sofía, aguda y autoritaria, resonó al otro lado: "¡Arriba, sirvienta! Hoy hay mucho que hacer. No quiero que la futura Alfa tenga que esperar por ti." Valentina se incorporó, sintiendo el peso de la noche anterior en cada músculo. Su mejilla aún ardía por la bofetada que había recibido en la ceremonia, y el eco de las risas y los murmullos aún retumbaba en su mente. Pero en lugar de encogerse, apretó los labios y se levantó. Tomó el collar de su madre, que había guardado bajo la almohada, y lo besó en silencio. Algo en su interior le decía que aquel día sería decisivo. Se vistió con su ropa de trabajo, un vestido gris desgastado, y salió al pasillo, dispuesta a enfrentar lo que viniera. El banquete se celebraba en el gran salón de la casa principal, decorado con flores de cempasúchil y velas que parpadeaban con la brisa. Sofía, radiante en un vestido carmesí, se sentaba a la cabecera de la mesa, junto a su prometido, un guerrero de hombros anchos que apenas miraba a los demás. Valentina, con una bandeja de tlayudas recién hechas, se movía entre los invitados, soportando las miradas de desprecio y los cuchicheos. "Es la que no tiene lobo", oyó decir a una mujer. "No sé por qué la dejan andar por aquí." Sofía, al verla, sonrió con malicia. "Valentina, ven aquí. Sirve el vino a mis invitados. Y no lo derrames, o tendré que castigarte otra vez." Valentina obedeció, pero cuando llegó junto a Sofía, sus manos temblaron de rabia contenida. Recordó todas las humillaciones, todas las noches de hambre y frío, todas las veces que su padre la había ignorado. Entonces, con una calma que la sorprendió, inclinó la jarra de vino tinto justo sobre el vestido de Sofía. El líquido se derramó en un chorro carmesí, manchando la tela cara. Un grito de furia se elevó de Sofía, que se puso de pie de un salto. "¡Idiota! ¡Mira lo que has hecho!" La bofetada llegó antes de que Valentina pudiera reaccionar, y su mejilla volvió a arder. "¡Sabotaje! ¡Quieres arruinar mi compromiso!", chilló Sofía. El Alfa, que había observado todo desde su lugar, frunció el ceño. "Valentina, esto es inaceptable. Como castigo, pasarás la noche en el bosque, cortando leña para la manada. Y no vuelvas hasta que hayas llenado la carreta." Valentina, con la cabeza en alto, no dijo nada. Pero en sus ojos había una chispa de desafío que Sofía no supo interpretar. Mientras Valentina caminaba hacia el bosque, con el hacha al hombro y la carreta vacía detrás de ella, las palabras de su padre resonaban en su mente. "Siempre has sido una carga. Si no fuera por tu madre, te habría echado hace años." Nunca la había defendido. Nunca la había mirado como a una hija. Sofía era la que ocupaba su lugar, la que recibía los halagos y el cariño. Valentina apretó el collar que llevaba bajo la ropa, sintiendo el metal frío contra su piel. "Mamá, ¿por qué me dejaste?", susurró, pero no hubo respuesta. Al llegar al claro donde debía cortar leña, se detuvo. El sol comenzaba a ocultarse, tiñendo el cielo de naranja y rojo. Se sentó en un tronco caído, agotada, no tanto por el trabajo como por el peso de la injusticia. Pero entonces, un pensamiento la atravesó: no podía seguir así. No podía seguir siendo la sirvienta de su propia manada. Si su padre no la protegía, si Sofía la odiaba, entonces no tenía nada que perder. Se levantó, tomó el hacha y comenzó a golpear un tronco con furia, descargando su rabia en cada golpe. Cuando la carreta estuvo medio llena, se detuvo, jadeando. La luna comenzaba a elevarse, y el collar, que llevaba al cuello, emitió un brillo tenue. Valentina lo tocó, sintiendo un calor reconfortante. "¿Qué eres?", murmuró. En ese momento, escuchó voces que se acercaban. Se ocultó tras un árbol, agazapada, y vio a dos guerreros de la manada que caminaban por el sendero. "¿Sabes? Dicen que el collar de la madre de Valentina es una llave hacia un poder antiguo", dijo uno. "¿En serio? Yo pensé que era solo una joya vieja", respondió el otro. "No, parece que guarda un secreto que podría cambiar el destino de la manada." Valentina, con el corazón latiendo con fuerza, se pegó más al tronco, conteniendo la respiración para no ser descubierta. Los guerreros se detuvieron a pocos metros de donde Valentina se escondía, y ella aguzó el oído para no perder detalle de la conversación. Mientras limpia en el bosque, Valentina escucha a dos guerreros mencionar que el collar de su madre es una llave hacia un poder antiguo, y se esconde tras un árbol para seguir escuchando.
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