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📖 La heredera del Alfa que despertó

El collar de mamá

925 words

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El lobo negro se transformó en un hombre imponente que le ofreció ayuda para cruzar el río, pero Valentina desconfió y retrocedió. El agua fría le mojaba los tobillos, y la corriente amenazaba con arrastrarla. El hombre, con el agua hasta las rodillas, extendió la mano. "No te haré daño", dijo, con una voz grave que resonó en la noche. Valentina apretó el collar contra su pecho, sintiendo el metal frío. "¿Quién eres?", preguntó, sin apartar la mirada de sus ojos dorados. "Soy alguien que sabe lo que buscas", respondió él. "Pero no podemos hablar aquí. La corriente es peligrosa. Déjame ayudarte a cruzar". Valentina dudó. Había aprendido a no confiar en extraños, pero algo en su tono le resultaba familiar. "¿Por qué debería confiar en ti?", inquirió. "Porque si quisiera hacerte daño, ya lo habría hecho", dijo él, con una media sonrisa. "Además, no tienes muchas opciones". Valentina miró el río, luego al hombre, y tomó una decisión. "Está bien", dijo, y aceptó su mano. La fuerza de su agarre la sorprendió, y en un instante la levantó y la llevó a la otra orilla. Una vez a salvo, Valentina se soltó y dio un paso atrás. "Gracias", dijo, aunque su voz sonaba más dura de lo que pretendía. "Pero no me debes nada", respondió él. "Sé que te diriges a la cueva sagrada. Yo también voy allí". Valentina frunció el ceño. "¿Cómo sabes eso?" "El collar que llevas", dijo, señalando. "Es el mismo que perteneció a tu madre. Lo reconocería en cualquier parte". Valentina se llevó la mano al collar, sorprendida. "¿Conociste a mi madre?" "Eso es una historia larga", dijo él. "Pero primero, tenemos que salir de aquí. Los hombres de Sofía no tardarán en llegar". Valentina asintió, y juntos se adentraron en el bosque. No habían caminado mucho cuando escucharon pisadas detrás de ellos. Valentina se giró y vio a dos lobos grises que emergían de entre los árboles, con los ojos brillando de furia. "¡Corre!", gritó el hombre, pero Valentina se quedó paralizada. Los lobos se abalanzaron sobre ellos, y el hombre se transformó en su forma lupina, un lobo negro enorme que se enfrentó a ellos con ferocidad. Valentina, viendo que estaba en desventaja, buscó algo con qué defenderse. Encontró una rama gruesa en el suelo y la levantó, golpeando a uno de los lobos en el costado. El lobo aulló de dolor y se volvió hacia ella, pero el hombre negro lo interceptó. La pelea fue brutal. Valentina esquivó zarpazos y mordiscos, usando la rama como arma. A pesar de su miedo, logró herir a uno de los atacantes en el hocico. Finalmente, los lobos grises, viendo que no podían vencer, huyeron con el rabo entre las piernas. El hombre negro se transformó de nuevo en humano, jadeando y con sangre en el brazo. "¿Estás bien?", preguntó Valentina, acercándose. "Estoy bien", dijo él, aunque su brazo sangraba. "Pero tenemos que movernos. Sofía no se detendrá". Mientras tanto, en la mansión de la manada, Sofía estaba furiosa. Sus enviados habían fallado. "¡Inútiles!", gritó, golpeando la mesa. "No pueden con una simple loba sin lobo". Tomó su teléfono y marcó un número. "Necesito que rastreen a una loba que huye hacia el norte. Lleva un collar antiguo. No importa el precio, quiero que la eliminen". Del otro lado, una voz ronca respondió: "Entendido. La encontraremos". Sofía sonrió con malicia. "Valentina, tu tiempo se acaba". Valentina y el hombre se detuvieron en un claro para descansar. Él se sentó en una roca, presionando su brazo herido. Valentina se acercó, sacó un pañuelo de su mochila y se lo ofreció. "Toma, para la sangre", dijo. Él lo aceptó con una sonrisa. "Gracias. No esperaba que pelearas tan bien", dijo. "Yo tampoco", admitió Valentina. "Pero no iba a quedarme de brazos cruzados". "Eso es bueno", dijo él. "Te llamas Valentina, ¿verdad?" "Sí. ¿Y tú?" "Alejandro", respondió. Valentina arqueó una ceja. "¿Alejandro? ¿El Alfa de la manada del norte?" "El mismo", dijo él. "Pero no vine a pelear. Vine a ayudarte". Valentina frunció el ceño. "¿Por qué?" "Porque tu madre me pidió que te cuidara", dijo Alejandro. "Antes de morir, me hizo prometer que te protegería". Valentina sintió un nudo en la garganta. "¿Conocías a mi madre?" "Sí", dijo Alejandro. "Era una mujer sabia y fuerte. Sabía que Sofía intentaría hacerte daño, así que me pidió que velara por ti". Valentina miró el collar. "¿Y esto?" "Es la llave", dijo Alejandro. "El mapa que contiene te llevará a la cueva sagrada, donde encontrarás respuestas sobre tu origen". Valentina lo miró, confundida. "¿Qué clase de respuestas?" "No lo sé con certeza", dijo Alejandro. "Pero sé que es importante. Tu madre lo guardó con su vida". Valentina guardó silencio, procesando la información. "¿Y por qué no me lo dijiste antes?" "Porque no era el momento", dijo Alejandro. "Pero ahora, con Sofía tras de ti, necesitas saber la verdad". Valentina asintió lentamente. "Gracias por ayudarme", dijo. "No tienes que agradecerme", dijo Alejandro. "Es mi deber". Se levantó, tambaleándose ligeramente. "Deberíamos seguir. La cueva no está lejos". Valentina lo ayudó a ponerse de pie, y juntos continuaron su camino. Caminaron en silencio, atravesando el bosque. Valentina no podía dejar de pensar en las palabras de Alejandro. ¿Qué encontraría en la cueva? ¿Qué secretos guardaba su madre? Finalmente, llegaron a una colina rocosa. Al pie, una abertura oscura se perfilaba entre las piedras. Alejandro señaló hacia ella. Alejandro, herido en la pelea, le dice que el mapa la lleva a una cueva sagrada donde encontrará respuestas sobre su origen.
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