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📖 La heredera del Alfa que despertó

El primer combate

537 words

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Valentina se arrodilló junto a Alejandro, sus manos temblorosas buscando en su bolsa las hierbas que su madre le había enseñado a reconocer. El acónito era un veneno mortal para los lobos, pero ella recordaba un remedio: la raíz de bardana y la corteza de sauce. Con cuidado, masticó las hierbas hasta formar una pasta y la aplicó sobre la herida de Alejandro, que yacía inconsciente bajo el árbol. El sol comenzaba a ocultarse, tiñendo el bosque de tonos anaranjados y rojos. De repente, un crujido de ramas la sobresaltó. Mateo emergió de entre los árboles, con una daga en la mano y una sonrisa cruel en los labios. "Así que el gran Alfa está indefenso", dijo, acercándose. "Qué lástima que no vivirás para contarlo". Valentina se interpuso entre Mateo y Alejandro, con los puños apretados y el corazón latiendo con fuerza. "No te acercarás a él", dijo, su voz firme a pesar del miedo. Mateo rió, burlón. "¿Y qué vas a hacer, perrita? ¿Ladrar?" Valentina sintió un ardor en su pecho, un poder que apenas comenzaba a comprender. Su lobo interior, que siempre había estado dormido, rugió en su interior. "No soy una perrita", gruñó, y en un arranque de furia, sintió que sus garras se alargaban y sus colmillos se afilaban. Mateo la atacó, pero Valentina esquivó con agilidad, usando el tronco de un árbol como apoyo. "Eres más débil de lo que crees", dijo Mateo, lanzando un zarpazo que ella bloqueó con el antebrazo. "Sofía me prometió el puesto de Beta si te eliminaba", reveló, "y el ataque a la manada es inminente". Valentina, con la adrenalina corriendo por sus venas, recordó las enseñanzas de su madre sobre el combate. Usó su agilidad para moverse entre los árboles, haciendo que Mateo tropezara con las raíces. En un momento de descuido, Valentina lo derribó con una llave, inmovilizándolo contra el suelo. "Dile a Sofía que no me rendiré", dijo, con la respiración agitada. Mateo, sorprendido por su fuerza, logró liberarse y huyó entre los arbustos, dejando un rastro de sangre. Alejandro, que había recuperado la conciencia durante el combate, observó la escena con una mezcla de asombro y admiración. Cuando Valentina se acercó a él, jadeante, él la tomó de la mano. "Eres más valiente de lo que crees", dijo, su voz débil pero llena de orgullo. "Has luchado por mí". Valentina sintió un calor en el pecho, una conexión que iba más allá de las palabras. "No podía dejar que te lastimaran", respondió, sonrojándose. Alejandro sonrió, a pesar del dolor. "Debemos regresar a la manada", dijo, "para preparar la defensa". Pero Valentina dudó, sus miedos regresando. "¿Y si no me aceptan?" preguntó, con la voz quebrada. Alejandro la miró con intensidad. "Entonces lucharás por tu lugar, como lo has hecho hoy". Valentina asintió, sintiendo una nueva determinación. Alejandro, apoyándose en ella, comenzó a caminar hacia el sendero que llevaba a la manada. Valentina lo sostenía, sintiendo el peso de su responsabilidad. Pero en el fondo, una duda la carcomía: ¿sería aceptada por los lobos de Alejandro, o la verían como una intrusa? Alejandro, débil pero orgulloso, le dice que debe regresar a la manada para preparar la defensa, pero Valentina teme no ser aceptada.
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