📖 La heredera que domó al Alfa
La acusación
El video se cortó en negro, pero la imagen de Tomás atado y amordazado quedó grabada en la retina de Valentina. Reconoció el lugar al instante: la cabaña de su familia, abandonada desde la quiebra, en el límite del territorio. Era una acusación silenciosa, una prueba más en su contra. Dante apretó el teléfono con fuerza, sus nudillos blancos.
"Esto no cambia nada", dijo, pero su voz no sonaba convencida. Valentina tragó saliva. "Sí cambia", respondió. "Ahora saben dónde buscarlo, y yo soy la única que conoce ese lugar".
El consejo de la manada ya se había reunido en la plaza central, convocado por César, que había difundido el rumor de que ella era cómplice del secuestro. Los lobos murmuraban, algunos con los colmillos visibles. Valentina sintió el peso de sus miradas, pero se enderezó. No iba a dejarse intimidar.
El consejo, formado por los lobos más ancianos, se colocó en semicírculo frente a la hoguera. César, desde un rincón, observaba con una sonrisa apenas contenida. El Alfa mayor, un lobo de pelaje gris llamado Ramiro, tomó la palabra: "Valentina, hija de un deudor, has traído la desgracia a nuestra manada. Las pruebas te señalan".
Valentina dio un paso al frente. "No soy culpable. Exijo un juicio por combate, como dicta la ley de la manada". Un murmullo recorrió la multitud.
El juicio por combate era un derecho antiguo, casi olvidado, que permitía al acusado demostrar su inocencia mediante un duelo. Rómulo, un lobo corpulento y leal a César, se adelantó. "Acepto el desafío", gruñó, mostrando los dientes. Valentina sintió un escalofrío.
Ella no era una luchadora, pero no podía retroceder. Dante, que había permanecido en silencio, se interpuso entre ellos. "Yo seré su campeón". El consejo se agitó.
Un Alfa no podía batirse en duelo por una humana sin poner en duda su autoridad. Pero Dante sostuvo la mirada de Ramiro. "La ley lo permite". Rómulo dudó, pero César asintió desde las sombras.
El combate comenzó. Dante y Rómulo se enfrentaron en el círculo de tierra, sus cuerpos transformándose en lobos. La lucha fue feroz, con mordiscos y zarpazos. Valentina contuvo la respiración, viendo a Dante pelear por ella.
Finalmente, Dante inmovilizó a Rómulo, con las fauces en su garganta. "¿Te rindes?", gruñó. Rómulo aulló en señal de sumisión. Dante se apartó, volviendo a su forma humana.
"Valentina es inocente", declaró, con voz firme. "Cualquiera que la acuse, se enfrentará a mí". El consejo aceptó la victoria de Dante como prueba de la inocencia de Valentina. Los lobos, aunque reacios, comenzaron a dispersarse.
César desapareció entre las sombras, con una mueca de odio. Valentina se acercó a Dante, que aún respiraba con dificultad, con marcas de arañazos en el brazo. "No tenías que hacer eso", dijo, con la voz quebrada. Dante la miró, con una intensidad que la desarmó.
"Sí tenía. No podía dejar que te lastimaran". Valentina sintió un nudo en el pecho. Por primera vez, vio al hombre detrás del Alfa, al lobo que cargaba con una maldición y que, aun así, había arriesgado todo por ella.
"Gracias", susurró. Dante asintió, y por un instante, el mundo pareció detenerse. Pero la urgencia de Tomás volvió a golpearla. "Tenemos que ir por él".
Dante asintió, pero su expresión se tornó sombría. "Antes, debemos encontrar al traidor. Alguien dentro de la manada ayudó a César". Valentina comprendió.
La amenaza no solo estaba afuera, sino también entre ellos. Dante se volvió hacia la multitud, que aún murmuraba. Levantó la mano para imponer silencio. "Valentina ha sido exonerada.
Pero Tomás sigue en peligro. Yo mismo iré con ella a rescatarlo". Un lobo gritó: "¿Y el traidor?" Dante sonrió, con una dureza que no presagiaba nada bueno. "Eso es lo primero que haremos".
Después de la victoria, Dante anuncia que él mismo irá con Valentina a rescatar a Tomás, pero antes deben encontrar al traidor dentro de la manada.






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