📖 La heredera que domó al Alfa
El lobo en la oficina
La mañana siguiente amaneció gris, con un viento frío que se colaba por las rendijas de la cabaña. Valentina se levantó con los músculos aún adoloridos por el entrenamiento de la víspera, pero el peso del cuchillo de plata bajo la almohada le recordó que no estaba indefensa. Se vistió con ropa prestada, pantalones negros y una blusa sencilla, y se dirigió a la casa principal. Al entrar a la sala de reuniones, el aroma a café recién hecho la recibió.
Dante ya estaba allí, sentado a la cabecera de una larga mesa de roble, con un expediente abierto frente a él. César, de pie junto a la ventana, la miró con desprecio apenas disimulado. Valentina respiró hondo y tomó asiento, colocando sus notas sobre la mesa. Sabía que este era el momento de demostrar su valía, no solo para salvar a su padre, sino para ganarse un lugar en un mundo que la odiaba.
Valentina desplegó sus papeles y comenzó a exponer su plan de inversiones. Había analizado los libros financieros de la manada durante tres noches, encontrando fugas de capital y oportunidades de negocio desaprovechadas. Propuso crear una empresa de exportación de productos artesanales, aprovechando los contactos que su padre aún conservaba en el extranjero. Ofreció su propio patrimonio como garantía, sabiendo que era una apuesta arriesgada.
Pero cuando mencionó al proveedor fantasma, César la interrumpió con un golpe en la mesa. "¡Esa empresa perteneció a tu familia! ¡Es una fachada para lavar dinero!" Valentina sintió el calor de la ira subir por su cuello, pero se obligó a mantener la calma. Sacó de su carpeta un documento notariado que demostraba que la compañía había sido vendida años atrás, mucho antes de la quiebra de su padre.
"Esto lo comprobé yo misma. No tengo ninguna conexión con ellos", dijo con firmeza. César intentó rebatir, pero Dante levantó la mano, pidiendo silencio. "La evidencia es clara", dijo, y su mirada se posó en Valentina con un respeto que no había mostrado antes.
"Aprobado." César apretó los puños, pero no dijo nada más. Dante cerró el expediente y se puso de pie. "El plan se implementará de inmediato", anunció, y sus ojos encontraron los de Valentina. "Necesitaré tu ayuda para supervisar los primeros pasos." Valentina asintió, sintiendo una mezcla de alivio y asombro.
Había esperado una batalla más larga, pero Dante había cortado la discusión con una autoridad que la impresionó. Cuando los demás salieron, él se acercó a ella. "Has demostrado más coraje que muchos de mis lobos", dijo en voz baja. "Y más inteligencia que todos ellos juntos." Valentina sintió un calor en el pecho que no era solo gratitud.
"Gracias", respondió, y por primera vez, su sonrisa fue genuina. Dante asintió, y luego añadió: "Hay asuntos pendientes que debemos discutir. A solas. Esta noche, en mi casa." Valentina parpadeó, sorprendida por la invitación, pero aceptó con un movimiento de cabeza.
Mientras salía de la sala, sintió la mirada de César clavada en su espalda, pero no le importó. Algo había cambiado entre ella y Dante, y estaba decidida a descubrir qué era. Esa noche, Valentina se alisó la ropa frente al espejo de su cabaña. El cuchillo de plata descansaba en su cintura, un recordatorio de la confianza que Dante había depositado en ella.
Antes de salir, respiró hondo y se prometió a sí misma que no dejaría que el miedo la dominara. Caminó hacia la casa del Alfa, sintiendo los latidos de su corazón acelerarse con cada paso. La puerta estaba entreabierta, y una luz cálida se filtraba por la rendija. Dante la invita a una cena privada para discutir 'asuntos pendientes', y Valentina acepta sintiendo que algo ha cambiado entre ellos.






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