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📖 La heredera que domó al Alfa

Negociaciones

695 words

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Valentina entró en la oficina con el arma envuelta en un paño, el número de serie grabado en su memoria. Cerró la puerta con llave y se sentó frente al escritorio, donde los libros financieros de la manada estaban abiertos en la página de la empresa fantasma. Su tío Ricardo, el hermano de su padre, aparecía como accionista mayoritario. No podía creerlo. Había pasado horas verificando los registros, comparando firmas y fechas, pero todo coincidía. El ataque en la frontera, las armas de plata, la muerte de aquellos lobos... todo llevaba a su tío. El teléfono vibró sobre la mesa. Era un mensaje de Dante: "¿Encontraste algo?" Valentina dudó antes de responder. No quería involucrarlo hasta estar segura. Pero sabía que no podía ocultarlo por mucho tiempo. Tomó aire y marcó el número de su tío. La llamada sonó tres veces antes de que contestara con voz tensa. "Valentina, qué sorpresa. ¿A qué debo el honor?" Valentina apretó el teléfono contra su oído, sintiendo el pulso acelerado. "Tío, necesito hablar contigo. Es sobre la empresa fantasma y las armas que llegaron a la frontera". Hubo un silencio al otro lado, luego una risa seca. "No sé de qué hablas, sobrina. Debes estar confundida". "No lo estoy. Tengo los documentos frente a mí. Tu nombre está en la cuenta que compró esas armas. ¿Qué has hecho?" La voz de su tío cambió, volviéndose fría. "Escúchame bien, Valentina. Tu padre me debe una fortuna. Si quieres que esa deuda desaparezca, olvídate de esto y vete de la manada. Ahora". Valentina apretó los puños. "No voy a dejar que arruines a mi padre ni a esta manada. Si no te detienes, iré a las autoridades". Su tío soltó una carcajada amarga. "¿Crees que puedes amenazarme? Tengo algo que te hará cambiar de opinión. El lobo que salvaste, Mateo, está conmigo. Si quieres verlo con vida, ven a la bodega abandonada al norte del río. Esta noche, a medianoche. Y no se lo cuentes a Dante, o lo lamentarás". La llamada se cortó. Valentina se quedó paralizada, el teléfono aún en la mano. Mateo, el lobo herido que había cuidado, estaba en peligro por su culpa. No podía permitir que sufriera por su familia. Pero si iba sola, podría ser una trampa. Y si se lo contaba a Dante, su tío cumpliría su amenaza. Miró los documentos sobre el escritorio, luego la ventana que daba al patio donde Dante entrenaba a sus lobos. Tomó una decisión: iría, pero no sin antes dejar una pista. Escribió una nota breve y la escondió en su chaqueta. Luego salió de la oficina, con el arma en el bolsillo y el corazón latiendo con fuerza. Antes de salir, Valentina se detuvo en el pasillo. Dante venía hacia ella, con el ceño fruncido. "¿A dónde vas?" preguntó, notando su agitación. "Necesito aire", mintió ella, evitando su mirada. Dante se acercó, demasiado cerca. "No me mientas, Valentina. Algo te pasa". Ella levantó la vista, y por un instante vio la preocupación en sus ojos. "No es nada. Solo... problemas familiares". Dante suspiró, y de repente la tomó por la cintura, atrayéndola hacia él. Antes de que pudiera reaccionar, la besó. Fue un beso profundo, apasionado, que la dejó sin aliento. Cuando se separó, ambos jadeaban. Valentina sintió el calor en sus mejillas, pero Dante dio un paso atrás, con el rostro endurecido. "No puedo permitirme distracciones", dijo con voz ronca. "Vuelve antes del anochecer". Luego se dio la vuelta y se alejó, dejándola sola en el pasillo. Valentina se quedó inmóvil, con el sabor de sus labios aún en la boca. El beso había sido inesperado, pero también lo había confirmado: había algo entre ellos. Sin embargo, ahora no era el momento. Tenía que salvar a Mateo. Valentina se ajustó la chaqueta, sintiendo el peso del arma en el bolsillo. Miró hacia el lugar donde Dante había desaparecido, y luego hacia la salida. La noche se acercaba, y con ella, la cita con su tío. No sabía qué la esperaba en la bodega, pero estaba decidida a enfrentarlo. Antes de salir, Dante la besa apasionadamente, pero luego la rechaza diciendo que no puede permitirse distracciones.
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