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📖 La heredera del Alfa: Vuelve por venganza

Aliados inesperados

771 words

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Isela salió del consejo con una sonrisa tensa, sus dedos jugueteando con el borde de su chal. Ramiro la siguió a unos pasos, con la mirada baja. Valentina los observó desde la sombra de un pino, el corazón latiendo con fuerza. Sabía que esa conversación significaba peligro. Isela no se detendría ante nada para silenciarla antes de la luna llena. Valentina apretó el colgante de piedra de luna contra su pecho y respiró hondo. No podía esperar a que la atacaran. Tenía que adelantarse. Recordó a los lobos jóvenes que habían mostrado dudas durante el consejo, los que habían mirado a Isela con desconfianza. Esa noche, después de que todos se retiraran, los buscaría. Necesitaba aliados, aunque fueran inexpertos. Su lobo interior rugió, impaciente. No más esconderse. El claro detrás de los barracones juveniles olía a tierra mojada y a pino. Valentina llegó cuando la luna apenas asomaba entre las nubes. Cinco lobos la esperaban, sentados en círculo sobre troncos caídos. Los reconoció: eran los que habían susurrado entre ellos durante la reunión del consejo. Uno de ellos, un joven de pelo castaño llamado Leo, se puso de pie. 'Sabemos quién eres, Luna. Vimos cómo te acusaron sin pruebas. Isela controla a los ancianos, pero no a todos.' Valentina asintió, sacando del bolsillo un pequeño frasco con un líquido plateado. 'Esto es veneno de luna. Isela lo usa para someter a los lobos, incluido Mateo. Si no la detenemos, la manada caerá en sus garras.' Los jóvenes se inclinaron para observar la muestra, sus ojos brillando con curiosidad y miedo. '¿Qué quieres que hagamos?' preguntó una loba de cabello rizado. 'Vigilar a Isela y a sus esbirros. Proteger a los enfermos. Y entrenar en secreto conmigo para estar listos cuando llegue el momento.' Antes de que pudieran responder, un crujido resonó en la maleza. Ramiro apareció con tres betas, sus ojos brillando con furia. '¡Te encontré, impostora!' Valentina se colocó frente a los jóvenes, sus garras extendiéndose. '¡Corran!' gritó, pero ellos no se movieron. Leo dio un paso al frente, su lobo emergiendo. '¡No estamos solos!' Los cinco jóvenes se transformaron, sus cuerpos temblando por la falta de práctica. Ramiro rió con desprecio. '¿Estos cachorros? Esto será fácil.' La pelea estalló. Valentina se lanzó contra Ramiro, esquivando sus zarpazos. Los jóvenes lucharon con torpeza pero con valor, mordiendo y arañando a los betas. Uno de ellos cayó, pero Leo lo cubrió. Valentina aprovechó la distracción para golpear a Ramiro en el costado, haciéndolo retroceder. '¡Retirada!' ordenó Ramiro, cojeando. Los betas huyeron, dejando tras de sí un rastro de sangre. Valentina jadeó, mirando a los jóvenes. Tenían rasguños y moretones, pero estaban vivos. 'Han demostrado su valentía. Ahora son mis aliados.' Desde su lecho, Mateo escuchó los aullidos y el choque de cuerpos. El veneno nublaba su mente, pero un instinto ancestral lo impulsó a levantarse. Se arrastró hasta la ventana, apoyándose en el marco. A la luz de la luna, vio a 'Luna' luchar junto a los jóvenes, su silueta ágil y feroz. Su lobo interior, que había estado dormido, se agitó. Ese olor... lo conocía. Era ella. Valentina. Un destello de memoria atravesó su confusión: la noche en que la rechazó, el dolor en sus ojos, la orden de su padre. Pero también el calor de su piel, la promesa de un vínculo. Mateo apretó los puños, sintiendo una fuerza renovada. 'Valentina...' susurró, su voz ronca. En el claro, Valentina sintió una mirada sobre ella. Se volvió y vio la silueta de Mateo en la ventana. Su corazón dio un vuelco. A pesar del veneno, él la había reconocido. Los jóvenes se reunieron a su alrededor, sus ojos brillando con admiración. 'Eres una líder natural, Luna. Te seguiremos.' Valentina asintió, pero su mente estaba en Mateo. 'Necesitamos un lugar seguro para reunirnos. ¿Conocen algún sitio?' Leo sonrió. 'Hay una cueva al norte, donde los antiguos lobos guardaban sus secretos. Nadie va allí.' Valentina sintió una chispa de esperanza. 'Perfecto. Nos veremos mañana al anochecer. Ahora descansen.' Mientras los jóvenes se dispersaban, Valentina miró una vez más hacia la ventana. Mateo seguía allí, observándola. En ese momento, supo que la batalla no era solo por la manada, sino también por él. Mateo, desde su lecho de enfermo, escucha los ruidos de la pelea y se arrastra hasta la ventana, viendo a 'Luna' luchar junto a los jóvenes; en ese momento, su lobo interior reconoce a Valentina. Mateo, desde su lecho de enfermo, escucha los ruidos de la pelea y se arrastra hasta la ventana, viendo a 'Luna' luchar junto a los jóvenes; en ese momento, su lobo interior reconoce a Valentina.
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