📖 La heredera del Alfa: Vuelve por venganza
El primer cambio
El lamento se arrastró por la caverna como una serpiente de hielo. Valentina contuvo el aliento, cada fibra de su cuerpo tensa. Renata permaneció inmóvil, su rostro apenas iluminado por la luna que se filtraba entre las rocas. "Esa es la Llorona", dijo Renata, su voz apenas un susurro.
"No es un espíritu cualquiera. Es un eco de nuestra propia culpa, alimentado por el dolor de las lobas que perdieron a sus crías." Valentina tragó saliva. "¿Y por qué me busca a mí?" Renata la miró con una intensidad que la hizo sentir desnuda. "Porque tú eres la heredera, la única que puede romper su maldición.
Pero también eres la única que puede ser destruida por ella." El lamento volvió a escucharse, más cercano. Valentina sintió que su loba interior se agitaba, como si reconociera algo en ese sonido. "Debes salir", ordenó Renata. "El velo de luna no puede protegerte para siempre.
Enfréntala, o ella te consumirá desde dentro." Valentina salió del santuario, el aire frío de la montaña golpeándole el rostro. La luna creciente colgaba baja, tiñendo el claro de una luz plateada. El lamento se intensificó, y entonces la vio: una figura femenina, translúcida, con el rostro desfigurado por el dolor. Sus ojos vacíos se clavaron en Valentina, y una oleada de visiones la invadió.
Vio a su madre, desterrada, muriendo sola en el bosque. Vio a Mateo, riéndose de ella, con Isela a su lado. El odio y la desesperación amenazaron con ahogarla. "No soy tu enemiga", gritó Valentina, pero la Llorona solo aulló, lanzando una ráfaga de energía que la arrojó contra un árbol.
El dolor en su costado sanó rápido, pero la confusión mental era abrumadora. La Llorona se acercó, sus dedos fantasmales rozando la mejilla de Valentina, y un frío glacial se apoderó de ella. "Tu madre sufrió", siseó la Llorona. "Tú sufrirás igual." Valentina sintió que su loba se retorcía, pidiendo salir.
Dejó de resistirse. Un calor inmenso brotó de su pecho, y su cuerpo comenzó a transformarse. Huesos crujieron, músculos se estiraron. Su piel se cubrió de un pelaje negro como la noche, con reflejos dorados que brillaban bajo la luna.
Sus ojos emitieron rayos de luz, cegando a la Llorona. Con un aullido poderoso, Valentina dispersó al espíritu, que se desvaneció en la oscuridad con un grito de furia. Pero el esfuerzo fue demasiado. Valentina cayó al suelo, inconsciente, en su forma de loba.
Mateo llegó al claro justo cuando el aullido resonaba en las montañas. Su corazón latía con fuerza, guiado por un instinto que no podía ignorar. Allí, en la hierba, yacía una loba negra con reflejos dorados. Su aroma lo golpeó como un puñetazo: era Valentina.
Se quedó paralizado, la orden de Isela aún fresca en su mente: "Mátala, Alfa. Es la amenaza." Pero su lobo interior rugía, exigiendo protegerla. Se arrodilló junto a ella, extendiendo la mano para tocar su pelaje, suave y cálido. El vínculo roto entre ellos pareció vibrar en el aire.
"¿Qué te han hecho?", murmuró, sintiendo una ira que no comprendía. Pero entonces, la voz de Isela se infiltró en su mente, afilada como un cuchillo: "Mátala, Alfa. Es la amenaza." Mateo cerró los ojos, luchando contra la orden. Su mano temblaba sobre el lomo de Valentina.
Sabía que debía obedecer, pero cada fibra de su ser se rebelaba. Abrió los ojos, y en ellos se reflejó la duda. No podía hacerlo. No a ella.
Mateo retiró la mano, sintiendo el peso de la orden de Isela como una cadena. Pero algo en él se negaba a obedecer. Miró a la loba inconsciente, y supo que su vida cambiaría para siempre. Mateo se arrodilla junto a la loba negra con reflejos dorados y extiende la mano para tocar su pelaje, pero se detiene al oír la voz de Isela en su mente: 'Mátala, Alfa.
Es la amenaza.'






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