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📖 La heredera del Alfa: Vuelve por venganza

La maestra sombra

735 words

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Valentina aún temblaba por la visión de su madre, pero sus ojos brillaban con una determinación renovada. Renata, reconociendo el fuego en su mirada, la tomó del brazo y la guió hacia el borde del lago subterráneo. La luz de la luna creciente se filtraba por una grieta en el techo de la caverna, tiñendo el agua de plata. Renata se detuvo y señaló el reflejo de Valentina en el agua. "El verdadero entrenamiento comienza ahora", dijo con voz grave. "No basta con pelear. Debes aprender a protegerte de las sombras que te acechan." Valentina asintió, apretando los puños. "Estoy lista." Renata sonrió con ironía. "Eso espero. Porque lo que viene no es un simple combate." Renata levantó los brazos y comenzó a murmurar palabras antiguas. Las sombras de la caverna se retorcieron y cobraron vida, formando figuras de lobos espectrales con ojos rojos. "Estas son las sombras de tus ancestros", explicó Renata. "Te atacarán sin piedad. Debes usar tu instinto y tu nueva armadura lunar para sobrevivir." Valentina apenas tuvo tiempo de reaccionar cuando la primera sombra se abalanzó sobre ella. Esquivó por poco, pero otra la golpeó en el costado, haciendo que su herida aún reciente latiera con dolor. Rodó por el suelo y se levantó, jadeando. Las sombras la rodeaban, moviéndose en círculos. Valentina intentó concentrarse, recordando las enseñanzas de Renata sobre canalizar la energía de la luna. Pero cada vez que intentaba invocar su poder, las sombras la interrumpían con ataques precisos. Una de ellas tomó la forma de Mateo, con su mirada fría y despectiva. "¿Crees que puedes enfrentarme?", se burló la sombra. "Solo eres una loba impura." Valentina sintió el dolor del rechazo atravesarla como una cuchilla. Su primera reacción fue atacar, pero se detuvo. Recordó las palabras de su madre: "El veneno de luna fue mi sentencia, pero tú eres la cura." Entendió que la cura no era la violencia, sino la aceptación. Cerró los ojos, respiró hondo y abrazó su dolor. En lugar de atacar, se abrió a la luz de la luna que entraba por la grieta. Sintió cómo la energía plateada la envolvía, formando una armadura brillante alrededor de su cuerpo. Las sombras chocaron contra ella y rebotaron, inofensivas. Valentina abrió los ojos, radiante. "Ya no me lastimarán", dijo con firmeza. Renata observaba desde un lado, con una sonrisa de aprobación. Mientras tanto, en la manada, Isela se retorcía de dolor en su habitación. Había usado demasiada sangre en el ritual. Pero la necesidad de encontrar a Valentina era más fuerte. Con un cuchillo, se cortó la palma y dejó caer la sangre sobre un mapa. "Llorona de los Valles, te invoco", susurró. "Caza a la heredera y tráeme su corazón." Un viento helado recorrió la habitación, y un lamento lejano respondió. Isela sonrió débilmente, sabiendo que la Llorona ya estaba en camino. Valentina se quedó de pie, respirando profundamente, mientras la armadura lunar brillaba a su alrededor. Renata se acercó y puso una mano en su hombro. "Lo has logrado", dijo con orgullo. "Has dominado la armadura lunar, una habilidad que pocos lobos han conseguido." Valentina bajó la mirada, sintiendo el peso de su logro, pero también la ausencia de Mateo. "La sombra de Mateo...", murmuró. "No pude atacarla." Renata asintió. "Eso fue sabio. Atacar a tu dolor solo lo alimenta. Al abrazarlo, lo transformaste en fuerza." Valentina sintió una liberación, como si una cadena se hubiera roto en su interior. El recuerdo de Mateo aún dolía, pero ya no la definía. "Estoy lista para lo que venga", dijo con determinación. Renata la miró con seriedad. "La verdadera prueba apenas comienza. Hay fuerzas que se mueven en tu contra, y no todas son de este mundo." Valentina frunció el ceño. "¿Qué quieres decir?" Renata no respondió de inmediato. En cambio, apagó las antorchas que iluminaban la caverna, sumiéndolas en la oscuridad. La única luz era la de la luna creciente, que se reflejaba en el agua del lago. "Escucha", susurró Renata. "La Llorona ya ronda las montañas. Debes estar lista." En la oscuridad, un lamento lejano y agudo atravesó el silencio de la caverna. Valentina sintió un escalofrío recorrer su espalda, y el agua del lago se agitó como si algo se moviera en sus profundidades. Renata apaga las antorchas y susurra: 'Escucha. La Llorona ya ronda las montañas. Debes estar lista.' En la oscuridad, se escucha un lamento lejano que hiela la sangre.
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