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📖 La heredera del Alfa: Vuelve por venganza

Hacia el exilio

628 words

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El amanecer se coló por las grietas del santuario, tiñendo de ámbar el círculo de cristales. Valentina abrió los ojos, sintiendo aún el eco de la energía lunar en su pecho. Ximena estaba de pie junto a la entrada, con un hatillo en las manos. "Es hora", dijo, y su voz sonó a sentencia. Valentina se incorporó, con la decisión firme en el alma. No podía quedarse escondida mientras Isela corrompía a la manada. Tomó el diario de su madre, lo besó y lo ocultó en un hueco secreto bajo una losa suelta, jurando en silencio que volvería por él. Ximena le entregó un mapa desgastado y un amuleto de obsidiana. "La maestra sombra vive en las montañas del norte. Este te protegerá de los espíritus del bosque." Valentina se lo puso al cuello, sintiendo el frío de la piedra contra su piel. "Gracias por todo", murmuró, y Ximena asintió con una sonrisa triste. "Ve, y que la luna guíe tus pasos." La noche cayó como un manto de sombras cuando Valentina llegó a la frontera del territorio. La luna menguante apenas iluminaba el sendero. Se detuvo un instante, respirando el aire cargado de pino y peligro. De pronto, tres figuras surgieron de entre los árboles: betas de Isela, con los ojos brillantes y los colmillos al descubierto. "¿A dónde crees que vas, impura?", gruñó el líder, un lobo de pelaje gris. Valentina no respondió. En su interior, su loba rugió, y por primera vez, emergió completa. Su cuerpo se transformó en una loba negra de reflejos dorados, poderosa y ágil. Los betas se lanzaron, pero ella esquivó con una velocidad que la sorprendió. Clavó los colmillos en el flanco de uno, lo sacudió y lo lanzó contra un tronco. El segundo intentó atacarla por la espalda, pero ella giró y le propinó un zarpazo en el hocico. El líder, furioso, logró herirla en el costado con sus garras. Valentina aulló de dolor, pero su loba no se detuvo. Se abalanzó sobre él, lo derribó y lo inmovilizó con sus fauces en su garganta. "No te mataré", gruñó, con voz humana y animal a la vez. "Dile a Isela que su veneno no me detendrá." Lo soltó y los tres huyeron, cojeando. Valentina, aún en forma de loba, lamió su herida y sintió cómo sanaba más rápido de lo normal. Pero una inquietud la asaltó: en el altar, Isela había tomado su sangre. Si usaba un hechizo de rastreo, la encontraría en cualquier lugar. Tenía que apresurarse. Mientras cruzaba la frontera, Valentina pensó en Mateo. Lo recordó con su mirada atormentada, pero ahora solo veía a un peón de Isela, un títere que había elegido obedecer antes que protegerla. El odio que sentía era frío, como el acero. No volvería a confiar en él, jamás. Su madre le había enseñado que la lealtad se gana, y Mateo la había perdido para siempre. Se adentró en las montañas, sintiendo el peso de su decisión. Su loba, ahora bajo control, caminaba a su lado, alerta. Valentina sabía que el camino sería largo y peligroso, pero cada paso la alejaba de la manada y la acercaba a su destino. Había demostrado su poder al derrotar a los betas sin matarlos, y eso la llenaba de una confianza renovada. No era la misma mujer que había despertado en el santuario. Ahora era una loba con una misión. De repente, un movimiento en un risco cercano llamó su atención. Una figura encapuchada se recortaba contra el cielo nocturno, inmóvil, como si la hubiera estado esperando. Valentina se tensó, pero la figura levantó una mano y le hizo una señal para que la siguiera. En la distancia, una figura encapuchada la observa desde un risco y le hace una señal para que la siga.
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