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📖 La heredera del Alfa: Vuelve por venganza

Sangre de loba

735 words

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Valentina se quedó inmóvil tras el árbol, el corazón latiendo con fuerza mientras las palabras de los betas resonaban en sus oídos. 'El Alfa ha ordenado su exilio al amanecer'. El exilio. La condena definitiva para alguien como ella. Pero no era una loba impura, era la heredera legítima. Y no iba a huir. Apretó el diario de su madre contra su pecho, sintiendo el peso de las páginas gastadas. Sabía que debía salir de allí, pero antes necesitaba entender su poder. Cerró los ojos y sintió la luna gemela latir en su pecho, un pulso dorado que prometía fuerza. Pero también sentía su inestabilidad, como un animal salvaje sin domesticar. 'Aprenderé a controlarte', susurró. Al salir de la cabaña, el cielo comenzaba a clarear. Entonces escuchó las voces de los betas, que regresaban con noticias. Se escondió tras un árbol y escuchó: 'El Alfa ha ordenado su exilio al amanecer'. Valentina se quedó inmóvil, procesando las palabras. El exilio. La condena definitiva para alguien como ella. Pero no era una loba impura, era la heredera legítima. Y no iba a huir. Valentina no esperó a que los betas la encontraran. Con el diario en la mano, corrió hacia el bosque profundo, siguiendo las indicaciones que su madre había dejado escritas: 'Busca la cascada que canta al amanecer; detrás de ella, el santuario de luna te espera'. Las ramas le azotaban el rostro mientras avanzaba, pero no se detuvo. Podía oír a lo lejos los aullidos de los betas, cada vez más cercanos. Sabía que no tenía mucho tiempo. De repente, un lobo salvaje saltó de entre la maleza, gruñendo con ferocidad. Valentina se detuvo en seco, el corazón acelerado. El animal era enorme, de pelaje gris oscuro, con ojos amarillos que brillaban con hambre. Se abalanzó sobre ella, y Valentina apenas tuvo tiempo de esquivarlo. Cayó al suelo, sintiendo el dolor de las garras rasgando su brazo. El lobo se preparó para atacar de nuevo, pero algo despertó en su interior. Un calor dorado se extendió por su pecho, y sus sentidos se agudizaron. Sin pensar, Valentina se lanzó contra el lobo, clavándole los dientes en el cuello. El animal aulló, sorprendido, y se retorció, pero ella no soltó. Finalmente, el lobo se sometió, gimiendo, y Valentina lo soltó, jadeando. Se levantó, tambaleándose, con la herida en el brazo sangrando. Pero no había tiempo para detenerse. Los aullidos de los betas sonaban más cerca. Corrió hacia la cascada, que apareció entre los árboles, con el agua cayendo en un estruendo ensordecedor. Detrás de ella, una grieta en la roca apenas visible. Valentina se deslizó por la abertura, sintiendo el agua fría empaparla, y emergió en una cueva oculta. En el centro, un altar de piedra brillaba con una luz tenue. El santuario de luna. Valentina se apoyó en la pared de la cueva, respirando con dificultad. El dolor en su brazo era intenso, pero más fuerte era la sensación de traición. Mateo la había condenado al exilio, sin siquiera escucharla. Recordó la mirada confundida en sus ojos, pero eso no la consolaba. 'Ya no puedo confiar en él', se dijo a sí misma. 'Mi única aliada soy yo'. Se acercó al altar, sintiendo una energía que la envolvía. El diario de su madre había mencionado este lugar, un santuario dedicado a la luna gemela. Al tocar la piedra, un calor recorrió su cuerpo, y su loba interior se agitó con fuerza. De repente, una figura emergió de las sombras: una loba anciana de pelaje plateado, con ojos que parecían contener siglos de sabiduría. Valentina dio un paso atrás, alerta, pero la loba no mostró agresión. Se transformó lentamente en una mujer mayor, vestida con una túnica blanca, y le sonrió con calidez. 'Por fin has llegado, heredera de la luna gemela', dijo con voz suave. Valentina sintió un escalofrío. '¿Heredera?', preguntó, confundida. La mujer asintió. 'Tu madre te habló de este lugar, ¿verdad? Ella también fue una elegida, pero no pudo completar su entrenamiento. Ahora, tú debes hacerlo'. Valentina miró su brazo herido, luego a la mujer. '¿Quién eres?', preguntó. La mujer extendió la mano. La mujer mayor, con túnica blanca, extendió la mano hacia Valentina, sus ojos brillando con una luz ancestral. Valentina, aún herida y desconfiada, dudó un momento antes de aceptar la ayuda. La loba anciana se transforma en una mujer mayor con túnica y le extiende la mano a Valentina.
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