📖 La heredera del Alfa: Vuelve por venganza
El desafío de la caza
A la mañana siguiente, el campamento amaneció con un rumor constante. Isela, con el rostro aún encendido por la humillación del día anterior, se había presentado ante el consejo de ancianos con una propuesta que no admitía discusión. 'La forastera debe demostrar su lealtad', declaró, con la voz resonando en la plaza. 'Organizaremos una caza al atardecer.
Si Luna no participa, será expulsada.' Los ancianos, liderados por Don Efrén, intercambiaron miradas. Valentina, que había estado ayudando a curar a la loba herida, escuchó desde la distancia. Sabía que era una trampa. Pero también sabía que negarse sería darles la razón.
Apretó los puños y aceptó el desafío con una calma que sorprendió a todos. El bosque al norte se extendía como una sombra bajo el cielo anaranjado. Valentina avanzaba entre los árboles, sintiendo la mirada de los lobos que la rodeaban. Isela había dispuesto que ella cazara en solitario, mientras los demás formaban grupos.
'Para que demuestre su valía sin ayuda', había dicho con una sonrisa venenosa. Valentina agudizó sus sentidos, no los de su loba, que aún dormía, sino los que había entrenado durante años en la ciudad. Escuchó el crujido de hojas, el latido acelerado de un ciervo. Lo rastreó con paciencia, moviéndose en silencio.
Cuando lo tuvo a tiro, en lugar de abatirlo, se detuvo. El animal la miraba, temblando. Valentina dio un paso atrás y lo liberó. 'La manada no necesita matar por deporte', dijo en voz alta, sabiendo que la observaban.
Unos lobos jóvenes que la habían seguido en secreto aplaudieron, sorprendidos. Pero Isela apareció entre las sombras, furiosa. '¡Sabotaje! ¡Herejía!', gritó.
'¡No respetas nuestras tradiciones!' Ramiro, el lobo que había humillado a la loba herida, la secundó. '¡Debe ser castigada!', rugió. La tensión creció. Valentina se mantuvo firme, pero su corazón latía con fuerza.
Sabía que no podía revelar su poder, pero tampoco podía dejar que la aplastaran. Mateo emergió de entre los árboles, su figura imponente bajo la luz del crepúsculo. Todos se callaron. 'La compasión de Luna no es una debilidad', dijo, su voz ronca pero clara.
'Es una fortaleza que esta manada debería aprender.' Isela abrió la boca para protestar, pero Mateo la cortó con una mirada. 'La caza ha terminado. Luna ha demostrado su valor.' Los lobos jóvenes murmuraron entre sí, algunos asintiendo. Valentina lo miró, confundida.
¿Por qué la defendía? ¿Acaso no era él quien la había rechazado? Mateo sostuvo su mirada por un momento, y en sus ojos vio algo que no esperaba: respeto. Don Efrén, que había observado todo desde un claro cercano, se acercó y puso una mano en el hombro de Valentina.
'Bien hecho, muchacha', dijo con una sonrisa. 'Has ganado algo más que una caza.' Valentina sintió un calor en el pecho, pero también la mirada asesina de Isela. Sabía que esto no había terminado. Esa noche, el campamento se sumió en un silencio tenso.
Valentina se retiró a su tienda, pero no podía dormir. Afuera, las sombras se movían. Isela, en un rincón oscuro, llamó a Ramiro. Le susurró al oído, con veneno en cada palabra: 'Luna es una amenaza.
Debe ser eliminada.' Sacó un pequeño frasco de vidrio oscuro y se lo entregó. 'Pon esto en su comida mañana.' Ramiro lo ocultó en su bolsillo, una sonrisa torcida en sus labios. Esa noche, Isela le susurra a Ramiro que 'Luna' es una amenaza que debe ser eliminada, y le entrega un frasco de veneno de luna para que lo use en su próxima comida. Ramiro esconde el frasco en su bolsillo y asiente con una sonrisa torcida.






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